martes 13 de abril de 2010
jueves 11 de septiembre de 2008
El Tonto de Bunbury

Bunbury siempre me ha parecido un tonto.
Basta observar la actitud que mantiene en las entrevistas -engolada y queriendo transmitir una trascendencia que desde luego no posee- para presagiar que el individuo no es precisamente un dechado de inteligencia.
Hace unos días lo ha confirmado. Con motivo del caso de plagio que la prensa ha sugerido, ha declarado que "copiar dos versos no es plagio". Para rematar el dislate, su representante apostilla: "si Bunbury tuviera que citar a todas las personas de las que saca alguna frase, necesitaríamos un libro".
De modo que Bunbury, en sus canciones, usa cientos (¿miles?) de frases que no son suyas, o eso parece desprenderse de tales declaraciones. ¿Tendrá, en sus letras, alguna frase suya? Me pregunto.
Y es que reusar material literario (o del tipo que sea), no es una mala práctica. Puede situar un punto de partida desde el que ir más allá (o en otra dirección) de lo que el autor original quiso o supo ir. Pero siempre citando la fuente. De lo contrario, ¿se imaginan cuántos versos se podrían colar como propios? Porque eso es lo que ha intentado él. Quería quedar como un genio: "Yo soy el hombre delgado que no flaqueará jamás", y se ha caído con todo el equipo.
Por si no fuera suficiente, amén de plagiar otro verso, se descuelga en una entrevista (¡en una entrevista!, nótese la ruindad y el grado de patetismo del susodicho) con otra frase del gran poeta Pedro Casariego: "Un buen poema quizás sea el lado valiente de un cobarde". Como quien se saca un apotegma del sombrero.
Pero bueno. La familia del poeta -cabreada y con razón- puede sentirse algo consolada: no me voy a comprar el disco de Bunbury -no lo he hecho nunca y, además, no me gusta-. Pero el viernes encargué Poemas Encadenados, de Pedro Casariego. Él sí era bueno. Él sí era un artista.
lunes 8 de septiembre de 2008
¡Panero Está Desnudo!

Con frecuencia, al hojear poemarios en las librerías, me asalta la siguiente duda: ¿Es dicha basura buena desde un punto de vista literario? O, al menos, ¿es mejor que la basura media que escribe el resto de los mortales?
No descubro nada si afirmo que se edita lo que se va a vender, y que se vende lo que se conoce. Ejemplos no nos faltan. Sin ir más lejos, Agustín Fernández Mallo se hace famoso con sus Nocilla Dream y Nocilla Experience ("Novelas"), y casualmente gana el Premio Ciudad de Burgos de Poesía con Carne de Píxel.
Nocilla Experience no me parece ni tan buena, ni tan mala como se ha dicho. Y que se edite, no me parece ni mal ni bien. Lo que me resulta curioso es la omnipotencia literaria del autor para destacar en dos géneros tan distintos como la novela y la poesía. Acepto que su prosa transpoética bebe de hontanares propios de la poesía (¿qué prosa no lo hace en mayor o menor medida?), pero mi escepticismo me lleva a pensar que más bien se trata de un mero asunto de marketing.
Con Leopoldo María Panero se presenta un claro ejemplo de lo que llamaré el Síndrome del Nuevo Traje del Emperador. Se ha dicho que Panero es buen poeta (que alguien me explique en qué se basa), y parece que afirmar lo contrario es convertirse en una suerte de inculto de obtuso paladar literario.
Así, durante decenios, Panero ha editado sus vómitos (apenas parrafadas de literatura automática tocadas con alguna imagen pretenciosamente escatológica), y todavía no ha aparecido el niño que se atreva a arrojarnos la terrible verdad a la cara.
Por eso, y aunque yo ya no sea un niño, he querido gritarlo en este artículo: ¡Panero está desnudo!


